RUBÉN DARÍO: EL PRÍNCIPE ALEJANDRINO DE LAS LETRAS CASTELLANAS

NOTA PERIODÍSTICA/LITERATURA LATINOAMERICANA.

Quizás muchos…y otros no tanto, recuerden a Rubén Darío (1867-1916), uno de los máximos exponentes de las letras castellanas, de origen nicaragüense y por supuesto, de la literatura hispanoamericana.

Autor de conocidos poemas como «Azul», o «A Margarita Debayle», el cual arranca con el conocido verso: «Margarita, está linda la mar…», hoy por hoy, son grandes clásicos en la literatura latinoamericana. Otro escrito característico, es «A Roosevelt», donde en términos poéticos hace alusión a la influencia de Estados Unidos en buena parte de Sudamérica, aprovechando de establecer su hegemonía política y social en varios países del territorio. De la misma manera, Darío es quizá, el vate que más influencia ha tenido en la poesía del s. XX en toda la literatura hispana, junto con ser uno de los más grandes representantes del Modernismo. De allí que es conocido como el «Príncipe de las letras castellanas».

De nombre real, Félix Rubén García Sarmiento, desempeñó cargos no menores como periodista y diplomático, lo que le permitió además darse a conocer, acercarse a mil realidades y conocer el mundo, lo que posteriormente llevaría a su propia obra. Asimismo, desde El Salvador, y auspiciado por el poeta Francisco Gavidia, intentó adaptar el verso alejandrino francés a la métrica castellana, lo que se convertiría después en un rasgo distintivo de la obra de Darío, así como del modernismo literario.

Durante su etapa chilena, y mientras trabajaba para el diario «La Época», fue donde nació su caracterísco poema «Azul», cuyo libro si bien no tuvo un éxito inmediato (escrito entre 1886-88), fue alabado por el poeta español Juan Valera, quien lo admiró mucho, pese a discrepar con él en su estilo eminentemente francés, pero en el que reconocía según sus palabras a un poeta de talento.

Tras casarse en dos ocasiones, además de tener una tercera y última pareja, Darío no se quedó atrás con las penurias que debió vivir en sus últimos años, así como uno de los fantasmas que le llevarían a la tumba: el alcohol. Precisamente, y producto de lo mismo, tras llegar a la ciudad de su infancia, León, el 7 de enero de 1916, falleció al mes siguiente con sólo 49 años (cirrosis hepática).

Sin embargo, su legado ha sido muy popular, donde sus obras se memorizaban en las escuelas de los países de habla castellana, siendo imitadas por cientos de jóvenes. Así con el nacimiento de las vanguardias literarias, y a partir de la Primera Guerra Mundial, los poetas de la época dejaron de lado el modernismo, al que consideraban anticuado y retoricista. Tal fue el caso de literatos como Antonio Machado, Leopoldo Lugones, Juan Ramón Jiménez o Julio Herrera y Leissig.

Con todo, su obra fue admirada posteriormente por autores como Federico García Lorca y Pablo Neruda. Pedro Salinas por su parte, le dedicó un ensayo en 1848, mientras que Octavio Paz dedicó una línea completa a su obra enmarcada en el modernismo. De la misma manera, la otrora comuna de Metapa, lugar natal del poeta en Nicaragua, ha sido renombrada Ciudad Darío en su honor, además de poseer un cuantioso legado literario en toda Hispanoamérica y España, donde es continuamente admirado y leído. He aquí a uno de los más grandes poetas modernistas de la historia.

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