EL BURN-OUT Y SUS CONSECUENCIAS NEGATIVAS EN LA CULTURA DEL TRABAJO: ¿PODEMOS COMBATIRLO?

NOTA PERIODÍSTICA/ACTUALIDAD/TENDENCIAS/TRABAJO/SOCIEDAD/ANÁLISIS.

Aprovechando que ya transcurrió el 1° de mayo, en el cual se conmemoró el Día del Trabajador en Chile y el mundo, que como sabemos siempre se realizan marchas y otras actividades alusivas, en esta presente nota AraucaNews, abordaremos un tema no menos importante alusivo precisamente al trabajo. Esta vez, tiene que ver con una consecuencia derivada de dicha actividad: el Síndrome de Burn-Out, el cual se caracteriza por un cuadro de estrés acumulado por exceso de trabajo. Es lo que además se conoce como el «síndrome de la cabeza quemada». Ello se traduce sencillamente en un cansancio extremo donde se privilegia la actividad productiva por sobre la actividad recreativa o del ocio. Es decir, a dicha persona afectada el trabajo le consume una cantidad extensa de horas por sobre sus propios límites, restándole además tiempo para compartir con su familia, amigos o disfrutar de una vida normal como todas las personas.

Es por ello que existen diversas opiniones respecto del tema laboral, existiendo grupos que emiten comentarios poco atinados respecto del tema. Lo cierto es que en estos días de pandemia y al contrario de lo que muchos imaginan, el trabajo NO enriquece nuestra vida. Más allá de la visión romántica que se tiene del tema, donde ello implica, sacrificio, orgullo y la lucha por un ideal o incluso de un bien colectivo o social en pro de la industria y la productividad misma, hoy en día nada es lo que parece. Muchos testimonios refieren casos de personas que han sufrido continuos cuadros de estrés, enfermedad y depresión, lo que ha sido una constante en estos tiempos actuales , entre ellos, los análisis de los economistas quienes refieren en este sentido que en un tiempo más, nuestra sociedad será altamente productiva, es decir, serán más de 8 horas (un total de 10 a 15 horas semanales) considerando nuestra sociedad actual y el constante avance de las nuevas tecnologías. Los expertos refieren que todo esto trae como consecuencia una especie de dopping laboral -a propósito de la tecnología- y el sistema actual sistema laboral en curso.

Respecto del tema, el periodista y activista George Mombiot señala que «si observamos nuestro pasado de cazadores y recolectores, pasábamos dos a tres horas haciendo cosas que nos mantenían vivos. Pero esas actividades eran parte de nuestra vida cultural, nos gustaba hacerlas. Probablemente disfrutábamos cazando y recolectando…quiero decir, eso es lo que la gente hace cuando tiene tiempo y dinero. Los ricos van a cazar y recolectar».

Así sucedió por ejemplo que en 1217, el rey Juan de Inglaterra de 10 años de edad, «selló dos documentos constitucionales, una de ellas fue la Carta Magna y el segundo la Carta del Bosque. Dicha carta fue la primera considerada ambiental, que a su vez exigía un derecho de autoabastecimiento para todos. Según la carta, todos tenían derecho a acceder a dichas materias primas para poder trabajar. Era una legislación muy supresiva, y decía que esos derechos debían regir para siempre», señala el economista y co-fundador de la Red Global de Renta Básica, Guy Standing.

Al respecto, el antropólogo y economista de la London School of Economics, Jason Hickel manifiesta que «la idea de que a las personas se les negarían los recursos que necesitaban para vivir y prosperar, era completamente impensable en aquella época. Eso cambió drásticamente en los siglos siguientes cuando se infringió el derecho a la vivienda y se violó sistemáticamente mediante la Carta del Bosque, que es lo que hoy llamamos «cercamiento». Se trataba de un proceso que a lo largo de varios siglos condujo a que a la gente le expropiaran las tierras en las que habían vivido siempre. Estas tierras fueron cercadas y privatizadas por los nobles y los terratenientes y la gente no estaba dispuesta a renunciar a su propia agricultura de subsistencia y trabajar por un bajo salario al año en la finca de otro. Eso no tenía sentido», refiere el experto.

«Por primera vez en la historia, la gente perdió el acceso a los recursos que necesitaba para sobrevivir, vendió su trabajo por un salario», añadió.

Otro experto, el autor del libro «Team Human» Douglas Rushkoff, refirió que «los puestos laborales y las relaciones de trabajo son algo bastante nuevo, antes la gente hacía cosas y las vendía, hasta que no pudieron comercial más ya que todo se puso demasiado complicado, por lo que desarrollaron el dinero de mercado, una especie de fichas de póker que entregaban por la mañana y podían caducar al final del día, pero que permitían comerciar a la gente con todo tipo de bienes, así surgió la clase media. Mientras el pueblo se enriquecía, la aristocracia empobrecía, por eso hicieron ilegal el comercio, introdujeron lo que se llamaba compañía privilegiada. Es decir, que sólo se podía comerciar en sector completo si tenía la autorización del rey. Si antes eras zapatero, hacías zapatos y los vendías en el mercado. Ahora tenías que trabajar como empleado de la Real Compañía de Calzados de Su Majestad o viajar a la ciudad o vivir en la ciudad, no importando el valor de lo que crearas, vendías tu tiempo».

«Es la primera vez que desde la esclavitud se contratan personas, así surgieron estas relaciones laborales, pero cuatro, cinco o seis siglos más tarde, creemos que tener un empleo o trabajar para una empresa, es la única manera de obtener ingresos», cerró.

Una ciudadana manifestó que luego de pasar largo tiempo trabajando en cafés y restaurantes, comprendió que quería ser matrona, junto con ello, dijo además que tras completar su formación se hubiera ocupado de madres y bebés, refiriendo también que «todavía era muy joven y conseguí mi primer trabajo cuando ingresé a la Estación de Cardiología donde hice mi primer turno de 12 horas -comenta Helen Harvie, enfermera jefe de dicho centro médico-, llegábamos a las 7 de la mañana y trabajábamos hasta las 9 de la noche, me ocupaba de doce pacientes, tenía ayuda, pero era la enfermera diplomada a cargo y tenía mucha responsabilidad. Recuerdo el caso de un hombre joven que estaba cada vez peor, teníamos que controlarlo continuamente y reportar su estado. Aunque reaccionaba, no parecía mejorar, creo que como enfermera, en un momento dado te agotas, llegas al límite y creo que cuando llegas a ese límite, debes pedir ayuda. Por desgracia, tuvo un paro cardíaco, en ese momento éramos sólo dos personas en la estación, fue muy, muy triste, también fue la primera vez que tuve que dar una mala noticia. Jamás olvidaré cuando vinieron su mujer y sus hijos, y tuvimos que decirle que había fallecido».

«Ninguno de mis amigos tiene esa responsabilidad, en mi caso, define mi vida. Dudas de ti y te preguntas si estás a la altura de este trabajo: «¿puedo seguir haciendo este trabajo?», finalizó la enfermera.

«La historia comienza precisamente en la Inglaterra del s. XVII con los puritanos, ellos fueron lo que inventaron la Ética del Trabajo, no les preocupaba tanto la producción ni la acumulación de riquezas en sí, si no la redención. Se trataba de trabajar incansable y disciplinadamente en el cumplimiento de la voluntad de Dios en la tierra -de forma completamente opuesta a lo que hoy muchos llaman el cumplimiento del deber-, es decir que había que escoger una profesión a la que dedicarle la vida. Eso significaba ante todo, no desperdiciar el tiempo. Si en un momento de inactividad de repente te da un ataque al corazón o te parte un rayo y por lo tanto no trabajas duro, es una señal de que tu fe ha disminuido lo que podría significar la condena eterna», comenta la profesora Margaret Anderson de la Universidad de Michigan.

Asimismo, la ex-gerente de una importante marca de modas Claire Louise, señaló que «miraba cómo aterrizaban los aviones en el aeropuerto de Machester y pensé: «me voy a Estados Unidos», así que me subí a un avión. Me mudé a Estados Unidos para aprender todo sobre negocios, donde todo giraba en torno a ser más grande y mejor y ganar más, más, más. Todos en Estados Unidos dicen: «¡Oooh, esta persona tiene una ética de trabajo fantástica». Eso significa que esta persona trabaja un sinfín de horas y no tiene vida fuera del horario laboral».

Louise menciona además que «algunos fines de semana allí estaba sola, no tenía vida, trabajaba todo el tiempo. Mi experiencia es que la sociedad te alienta en este comportamiento, te anima, nadie te pregunta «¡Hey! ¿qué te pasa?, ¿por qué has tomado esta decisión?», finalizó.

Es así que los expertos mencionados al comienzo de esta nota, sacan por conclusión que todo este fenómeno se atribuye a la sociedad capitalista, la cual se empezó a generar principalmente en el contexto de la Revolución Industrial (s. XVIII en adelante), con el inicio de los cambios sociales en el que se enfrentaron alguna vez la sociedad burguesa junto a la clase obrera, lo que motivo la creación de la obra de Karl Marx junto a Friedrich Engels denominada «El Capital», donde atacan directamente a la clase más acomodada, quienes eran los propietarios de grandes tierras, maquinarias y un sinnúmero de factorías industriales, defendiendo los intereses de la prole, a quienes dichos terratenientes explotaban, no permitiéndoles una vida digna, ya que vivían en condiciones extremadamente precarias. Por su parte, la creación de la encíclica Rerum Novarum por parte del Papa León XIII, fue lo que impulsó la denuncia hacia la explotación contra las clases trabajadoras, donde el pontífice solicitó un día domingo de descanso al menos. Todo ello fue lo que se enmarcó en el contexto de «La Cuestión Social». Cabe mencionar además, que las largas jornadas laborales han sido y siguen siendo de enorme preocupación por la salud y el bienestar de los trabajadores. Hace unos cien años aproximadamente, los días correspondientes a 16 horas de trabajo, 6 días a la semana eran en su tiempo, relativamente comunes. Pues en ese momento, la campaña por la reducción de la jornada laboral galvanizó el movimiento sindical en los Estados Unidos y en Europa, para exigir la jornada de 8 horas. Dicho movimiento en pro de las jornadas laborales más cortas, fue uno de los primeros esfuerzos generalizados y coordinados para cambiar las condiciones de trabajo.

Sin embargo, esto en la práctica no siempre se cumple, ya que aún existen empleos donde prácticamente el corte o reducción de horas laborales es derechamente inexistente. Al final, todo esto llevó a lo largo de su historia y asimismo hasta la actualidad, aunque ya no es tan brutal como antes, a que muchos empleos aún continúen sin un horario de término o más específicamente en dichas pegas no exista un horario propiamente tal. Por ende, todo esto llevó a que muchas personas, con la llegada del capitalismo llegaran a depender del trabajo puramente remunerado. Ello llevó a que estas fueran separadas de su tierra, al arrebatársela y cercarla. Eso llevó a que a menudo, fueran desplazadas hacia sitios marginales de las ciudades en crecimiento. Fue allí donde sin lugar a dudas, estos individuos pasaran a depender de un trabajo asalariado. De hecho, esto se convirtió en un modelo estándar consistente en bloque de tiempo que se fichaban. Así, el cambio más importante al pasar de una economía en la que se vende tiempo, es que se empieza a definir a las personas en menos de su utilidad.

Dave Carter, un ex-banquero señalaba que durante el tiempo que trabajó en esa área, entraba a una oficina a eso de las 7 de la mañana y salía generalmente a contar de las 7 de la tarde. Por tanto, las jornadas de 12 horas eran sencillamente la norma. Además, refiere que las reacciones de feedback eran negativas, lo que afectó dramáticamente a su autoestima y a su convicción de estar haciendo un buen trabajo, lo que (como él refiere), lo volvió cada vez más paranoico, estresado y ansioso. Asimismo, Carter señaló que se hallaba en su escritorio y dejó de ver. Este proceso en tanto, comenzó ya finales de la Edad Media, al mismo tiempo que la compañía privilegiada se creó la moneda central. Asimismo, los monarcas dispusieron que quien usara algo distinto a este dinero debería morir y así fue, según declaraciones del mismo Rushkoff.

Refiere además que eso funcionó muy bien, ya que si la gente quería hacer negocios, tenía que pedir prestada la moneda central con intereses. Asimismo, los intereses significan que la gente debería devolver más dinero del que la gente pide. Entonces, ¿de dónde salen dichas ganancias? se crean mediante el crecimiento económico. Todo ello funcionó muy bien para las potencias coloniales, ya que podrían ir a África, América y asimismo esclavizar a la gente, llevarse las materias primas y seguir creciendo. Al menos en Occidente seguimos creciendo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a declaraciones del mismo autor. Por lo pronto, aquellas colonias comenzaron a defenderse por lo que hubo que buscar nuevas formas de crecer, por lo que todo eso fue posible gracias a la cultura del consumo.

Al respecto, la televisión desempeñó un papel importante en diferentes grupos, provocando que la gente consumiera más y se animara a comprar. Por lo pronto, cada fábrica estableció sus propias instalaciones y llevó a la contratación de más gente. Es por ello que mientras existieran vertederos para eliminar toda la basura, la gente podía seguir comprando y al mismo tiempo consumiendo. Por lo mismo, todos aquellos en Occidente quedaron orientados al consumo de una rutina en donde la gente quería comprar cada vez más cosas. Desde entonces, es un hecho que la publicidad es sólo una parte de la cadena, sin embargo es la parte más importante. Es sencillamente el eslabón, donde no puede suceder nada más en esta cadena causal. Es por ello que la misma publicidad actúa como un verdadero catalizador a la hora de fomentar el consumismo en las personas que se ven atrapadas a conseguir, adquirir y consumir más y más cosas, ya que en eso se basa la propaganda publicitaria: identificarse con una marca y adquirirla a cualquier costo posible.

De ello sencillamente podemos rescatar que cada producto que se elabora, finalmente pasa a las grandes cadenas de supermercados, por ejemplo o a tiendas de mayor poder adquisitivo y con todo lo demás, luego de su consumo, terminan su etapa siendo un motivo de desecho. Es por ello que sin la publicidad, lo que es una clara estrategia para inducir a los individuos al consumo de dicho producto, nada de esto tendría sentido. Un caso absolutamente claro, es que todo aquello que se denomina efecto residual, que está hecho en su mayoría de puro plástico, da pie a un gran abismo que liquida todo tipo de posibilidades de desarrollo humano ¿la razón? todos estos desechos son los principales creadores de agentes contaminantes, fomentando aún más la basura además de un atentado a la biodegradación, pese a que muchos envases, en especial los de detergentes para la ropa, se consideran realmente biodegradables.

Es por ello que en definitiva, con todo esto, estamos logrando que nuestro sustento, así como también nuestro planeta, se oriente a su misma destrucción. Al final, todo lo que comienza como un simple proyecto, finalmente acaba destruyéndose con el fin de generar más mercancía. Desgraciadamente, esta misma actitud contribuye a que nuestro planeta se vea destruido y por consiguiente, la calidad de vida con los seres humanos con los que convivimos a diario. Dave Carter, el ex-banquero que también forma parte de esta nota, nos revela su triste testimonio al revelar que veía doble, presentando uno de sus ojos más caído que el otro. Y ya a su llegada al hospital, le vino una obvia descompensación tras este considerable cuadro de estrés. Los médicos le advirtieron a Carter que si no hacía algo para mejorar su situación, su estado empeoraría, lo que ya era bastante malo.

Todo esto llevó a que Carter se desconcertara, y al mismo tiempo le llevara a preguntarse qué pasaría si le contaba a su jefe lo sucedido, por lo que reveló respecto de eso que tanto él como otros encargados, le dirían que «no querían gente que no supiera estar allí, o más en concreto no necesitaban a nadie que no supiera avanzar, siendo que para ese fin estas personas fueron creadas». Con ello, su jefe daría a entender que si no se adecuaba al rendimiento esperado en el trabajo, sencillamente podía irse, y claramente buscar otra ocupación, no teniendo dicho jefe siquiera un mínimo de comprensión para con su mismo asalariado, lo que claramente es un tópico común que no ha cesado del todo, si bien actualmente existen instancias derivadas de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial), donde se favorece al trabajador a través de incentivos y otros beneficios, no siendo suficiente todo eso, ya que en buena parte del mundo, aún existen trabajos en los que no se privilegia el bienestar de los trabajadores, haciendo cada vez más densa y poco amable la dinámica laboral.

Ronald E. Purser, profesor de Administración de la Universidad Estatal de San Francisco, manifiesta en tanto que a comienzos del s. XX, se puso de moda un término poco conocido por las personas: la neurastenia, lo que alude al agotamiento del sistema nervioso por la falta de fuerza en los nervios. Es por ello que existían antiguamente tratamientos con electrodos con el fin de restablecer sus nervios, algo parecido a los electrochoques, cuyo uso era aplicado comúnmente en pacientes psiquiátricos hasta bien entrada la década de los 60. Otro punto no menos importante, es que el estrés es en estricto rigor, un concepto moderno, ya que con el avance del desarrollo productivo y la inmediatez con que se requieren ciertas necesidades, sobre todo en el trabajo, ha fomentado diversos tipos de enfermedades derivadas de lo mismo. A la misma terapia hecha con electrodos se le denominó «terapia de nervios», la cual existió hasta comienzos de los años 80. Fue a partir de esa época que muchos empezaron a usar el término «estoy estresado», lo que terminó siendo un término comúnmente aplicado por muchos en cuanto comenzó a hablarse del tema.

Purser además señala que todo esto comenzó a gestarse con el desarrollo de las políticas neo-liberales, bajo el mando de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. En la actualidad, el estrés se menciona como una parte integrante de nuestra economía moderna, la cual va orientada hacia el capitalismo, tópico común en la economía de Occidente. Por lo tanto, cada uno debe aprender a adaptarse a él. La misma noción comparte el periodista y autor de «Elogio de la lentitud», Carl Honoré, quien en definitiva señala que a partir de la frase «el tiempo es dinero», es la frase común que acostumbramos a decir en pleno S. XXI. Precisamente, la frase fue acuñada por el mismo inventor, ex-Presidente de los Estados Unidos y uno de los Padres Fundadores de la Nación, Benjamin Franklin, hace ya unos 200 años al comienzo de la era industrial, donde señala que «mientras más rápido somos, más dinero podemos ganar».

«Es así que al principio, la idea conquistó la producción y el ámbito laboral, pero con el tiempo, se filtró en todo lo que hacemos, por lo tanto, tratamos cada vez de hacer más cosas en menos tiempo, sea en el trabajo, pero también en casa, con nuestros hijos, en la cama, las cuales son situaciones en las que cada uno deberíamos disfrutar, pero por ahora es nada más que una carrera contra el reloj», concluye Honoré.

En tanto, Helen Harvie, la enfermera que también forma parte de esta nota, refiere que «su vida está totalmente determinada por eso, una mezcla de turnos de día y de noche, de levantarse temprano y trabajar toda la noche, los domingos por la mañana llegaba temprano a casa, dormía dos o tres horas, para poder soportar el día, llevaba a los niños a la cama y me iba a dormir para volver al trabajo el lunes. Te acostumbras al trabajo por turnos, siempre ha sido así en la enfermería. Cuando recibo mi sueldo, a veces pienso que por la cantidad de horas que trabajo y por lo que doy de mí, podría estar haciendo otra cosa», concluye.

La economista Faiza Shaheen, perteneciente al Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de Londres, menciona que los empleados de la limpieza que tienen contrato de cero horas, trabajan en turnos de día como de noche, por lo que esa cultura del Burn-Out, tan arraigada hoy en día, no está ligada a ningún sector, por lo que se ha convertido en la norma. En Estados Unidos por ejemplo, se sabe que todos sus habitantes poseen su cortadora de pasto, su quitanieves y su auto. Todo ello al principio parecía una buena idea, todos trabajan, todos ganan dinero, comprándole además cosas a otra gente. Sin embargo, todo eso llevó a una especie de frenesí consumista, porque ninguna compra en sí, realmente aporta satisfacción alguna, añade uno de los expertos.

La diseñadora Clare Louise, luego de revelar su testimonio en torno a lo que le implicó pasar por las rutas de la alta costura, contó que finalmente decidió arriesgarse y formar su propia empresa, la cual consiste en una marca para la creación de sus propios accesorios de moda. A ello refiere además que «nunca entendí por qué hacía lo que hacía, me sentía obligada a trabajar más y más y más…se habla del workaholic y adicción al trabajo, pero ¿sabe realmente la gente lo que esto significa? no podía parar, no me daba cuenta de que me estaba destruyendo. pero la verdad, es que me estaba enfermando físicamente», confesó la emprendedora.

También agrega que tuvieron una presentación en la semana de la moda de Londres en 2009 y que en consecuencia, su cuerpo se paró, se rindió y dijo que ya era suficiente. Poco después de sufrir este percance, Louise fue enviada al Hospital Charing Cross, y mientras estaba tumbada en la camilla, se dio cuenta que su comportamiento compulsivo la había llevado hasta aquel recinto asistencial y que ya era hora de soltar.

Por su parte, el autor Douglas Rushkoff nuevamente arremete al decir que «si revisas tus correos electrónicos para responder a tus clientes o resolver los encargos de tu jefe está bien, pero si llegas a casa y sigues enviando correos electrónicos, entonces ¿qué estamos haciendo? Trabajamos todo el tiempo, trabajamos en el trabajo, trabajamos en nuestro tiempo libre, es una locura», repasa.

«El ocio en el capitalismo es algo que no sabemos utilizar, a menudo hacemos un trabajo sólo por los ingresos, un trabajo que a lo mejor nos aliena, nos cansa y no nos queda energía. Entonces hay que hacer las tareas domésticas, ocuparse de los niños, llevarlos a la cama y hacer las compras y así el trabajo se mete cada vez más en nuestro tiempo libre. Lo interesante es que en la transición hacia la era digital todavía aplicamos el modelo digital y controlador de la era industrial. La gente decía que la digitalización iba a dar un giro al capitalismo y a la economía, actuando como sifuera una especie de revolución, pero no es así, sólo se trata de un movimiento sumamente reaccionario en el que utilizamos la tecnología digital para reforzar los mismos mecanismos de automatización de la era industrial, sólo que lo hacemos digitalmente dopados», agrega Rushkoff.

Una vez más, Dave Carter menciona que «vuelvo a vivir como a los 18 con mi madre, pero antes ganaba tanto dinero que la gente me envidiaba, me siento como si hubiera caído en picada, hoy voy a ir a la oficina de empleo para registrarme para el desempleo…ahora el dinero me preocupa más de lo que quisiera», manifiesta.

La periodista y escritora Grace Blakeley señala en tanto, que «el Estado y las empresas colaboran estrechamente para asegurar que la economía sea rentable para las personas que poseen capital y eso requiere gran cantidad de trabajadores que no pueden negarse a trabajar porque el que no se esfuerza para conseguir trabajo, se queda entre los pobres inferiores y un holgazán no merece tener acceso a los recursos del Estado. Esto ya se observaba hace siglos cuando había casa de caridad, y las personas consideradas demasiado holgazanas para trabajar, las obligabas a aceptar trabajos horribles en condiciones espantosas».

«En los medios hay casi todos los meses informes que investigan qué haremos en un futuro en que los robots asumirán los puestos de trabajo -cuenta el sociólogo David Frane de la Universidad de Nueva York- y nosotros ya no tendremos que trabajar. Y cuando veo esas historias pienso que ojalá tuviéramos esa suerte, porque el objetivo oficial de la automatización no es darnos más tiempo libre», subraya.

«La finalidad de la automatización es aumentar la producción para que las empresas obtengan más ganancias, las empresas se benefician de la sustitución de mano de obra por máquinas, porque estas no necesitan descansos ni se organizan en sindicatos. La razón por la que la automatización no ha llevado a una reducción de las horas de trabajo es porque ese simplemente no es el propósito de la automatización», cierra el sociólogo.

De todos los testimonios recogidos por los autores que hacen alusión e hincapié sobre el presente tema, Guy Standing refiere con todo esto que «quiere ver la destrucción del trabajo aburrido, pero lo que realmente ha provocado la automatización y el cambio tecnológico es el aumento de la desigualdad».

Asimismo, Carl Honoré vuelve a ser enfático en mencionar que «estamos hablando de un problema de exceso de trabajo, pero no es sólo un problema cultural o una especie de obsesión por lavado de cerebro ideológico para que la gente se obsesione con el trabajo, es un problema económico. La gente está sobrecargada porque tiene que trabajar, tiene que llegar a fin de mes. El conductor de Uber que trabaja 7 días a la semana no lo hace porque le hayan lavado el cerebro, sino porque tiene que hacerlo», relata.

Claire Louise, especifica que luego de huir del ambicioso mundo de las pasarelas, lo que la llevó al Hospital, refirió que tuvo una revelación donde se dio cuenta que necesitaba ayuda. Pues no sabía cómo habría podido hacerlo de otra manera: «la ventaja de ver mi vida derrumbada, es que no tuve más remedio que llegar al fondo de las cosas. Por ejemplo, preguntarme en qué quería invertir mi energía realmente. Comprendí que no necesitaba todas esas cosas, por lo que regalé 3/4 partes de mis posesiones. Me encanta mi casa, pero tengo que soltar», refirió.

Honoré mencionó que «actualmente la gente está muy preocupada por el desempleo tecnológico, la idea de que las tecnologías automatizadas sustituirán a los humanos en determinados sectores del mercado laboral, es en esa situación en que el trabajo fracasa como mecanismo de distribución de ingreso hacia todos, vamos a tener que encontrar otra forma de lograrlo. Una opción podría ser la Renta Básica Universal, la que propone a cada persona un ingreso suficiente para vivir, prácticamente como un derecho civil. No hay que hacer nada para acceder a esta renta, sería igual para todos y estaría garantizada», destacó.

A ello refiere además el experto Guy Standing, que la Renta Básica Universal «nos dará a todos la posibilidad de decidir cómo desarrollar el trabajo y el ocio -lo que grafica a modo de ejemplo-, tendré más tiempo para cuidar de mi abuela anciana, puedo ocuparme más de mi hijito y tendré más tiempo para ayudarlo a hacer la tarea», puntualiza.

El sociólogo David Frayne menciona además que «una de las ventajas de la Renta Básica Universal es que nos libera del látigo económico que nos persigue sobre dónde trabajamos, cuánto trabajamos, etc. y podemos tomar esas decisiones de manera más independiente y cabal, con un respaldo económico».

Otra de las versiones mencionadas por los expertos, refiere que todo estamos reprogramados para orientarnos durante el tiempo libre hacia actividades donde estas se orienten hacia el consumo, vamos de compras o hacia las vacaciones que se anuncian en el metro, por lo que será crucial replantearnos qué es el ocio, a medida que avancemos hacia una sociedad orientada al tiempo libre, ya que en este debemos aprender a limpiar nuestra casa, cocinar nuestra comida, cuidar el jardín y montar muebles. Faiza Shaheen menciona respecto de este fondo que «debería ser universal a la vez que gratuito».

También refiere que «si tuviéramos acceso a gastos básicos a precio económico, incluyendo wi-fi, internet y otros servicios que impliquen gastos comunes, lo que sería mucho más fácil para las personas, sin tener que trabajar tanto como hacen ahora», lo que sería una tremenda ayuda gracias a los beneficios de dicha renta universal.

«Otro factor no menos importante es que tener tiempo para reflexionar es importante si vemos el ocio desde esa perspectiva, por lo que lo podríamos ver desde la justicia distributiva, el dinero también lo consideramos como tal, los gobiernos deberían implementar medidas que garanticen que todos reciban su parte justa, pues el tiempo para reflexionar es la principal víctima de la cultura de largas jornadas laborales y creo que el tiempo para reflexionar es realmente importante para la libertad, pensar en nuestros roles, en nuestros hábitos y prioridades ¿son realmente nuestras prioridades o si las heredamos de alguna parte? Sin tiempo para reflexionar no tenemos tiempo para cuestionarnos esas cosas», menciona Frayne.

Carl Honoré por su parte refiere nuevamente que «cada cultura tiene tradiciones de desaceleración, cuando pensamos en la tradición judeo-cristiana, tenemos el shabbat es el día de descanso para detenerse y orar. Y sabemos que la oración es la forma más efectiva de estar en el presente, de reflexionar, de bajar del egoísta torbellino de los negocios, para observar la imagen general».

Shaheen expresa que «si me preguntan cómo hemos llegado a este punto (el exceso de trabajo) hay un aspecto importante del que no se habla lo suficiente. La forma en que medimos cómo nos va cómo sociedad, un indicador es el PIB (Producto Interno Bruto), que simplemente suma todo lo que hemos producido, por ejemplo, armamentos y también todo tipo de contaminación ambiental, lo que no es un indicador del éxito, no es un indicador de la sociedad del bienestar y la felicidad, no es un indicador de la sociedad, de la salud o de la pobreza infantil, sino que excluye toda la ecuación de por qué se trata a las personas cómo si fueran robots en el sentido de producir, producir, producir…tenemos una sociedad que envejece, tenemos que preocuparnos de las personas como es la productividad, despachar más ancianos por día y dedicarles menos tiempo, lo que deshumaniza nuestra economía, nos dejamos llevar por un objetivo que nos está enfermando».

Así sucedió en Estados Unidos a contar de los años 40, ya en el sur del país, no bastaba con quedarse en casa para combatir el racismo, había que salir a la calle para combatirlo, ya que visto desde ese plano, no bastaba sólo con cambiar la cultura individual, había que organizarse para cambiar dicho sistema. Otro experto refirió que aquellos países que decidieron reducir la jornada laboral, se organizaron en base a los sindicatos, quienes apelaron por manifestar dicho cambio, haciendo más llevadera la vida de los trabajadores. Es así por tanto, que para lograr la transición a una economía mucho más ecológica es regular drásticamente la publicidad, o incluso liberar el espacio público de la publicidad misma. Todo ello, ya se probó en una ciudad del globo con sorprendentes resultados. No olvidemos que la publicidad recibe un sinfín de energía creativa, en la que con sus objetivos carentes de ética, liberen a los artistas de trabajar para esas empresas, lo que les permite crear un arte mucho más productivo que orientado todo el tiempo hacia la industria en sí. Tal caso lo vemos en el trabajo de los diseñadores gráficos, editoriales o publicitarios, que también son colaboradores con los medios de comunicación de masas, sin afán de desestimar su propio trabajo.

David Frayne refirió de esto que había hablado con muchas personas que optaron por dejar de trabajar, con el fin de reducir su horario laboral, siendo uno de los motivos principales, la evasión misma de la vida cotidiana. De pronto uno ve desde afuera todos los ámbitos de la vida que el individuo puedo tener, siendo lo más normal del mundo, por lo que se ven muchas cosas que sencillamente uno podría cambiar. Asimismo, otro experto manifestó que se ven a muchas gentes que lograron romper el ciclo del trabajo, el cual fue como una especie de crisis personal que los llevó a eso. En palabras del científico social de la Universidad de Cambridge Brendan Burchell, tal vez la pérdida de alguien que falleció joven pudo haber llevado a que alguien o ciertas personas analizaran lo que estaban haciendo y si estar tan involucrados en el trabajo durante el resto de sus vidas era lo que de veras querían hacer. No son una o dos personas las que piensan en la crisis, sino que muchas mas. Por lo tanto, entre ver a miles de personas subiéndose a un auto, un taxi, al metro o merodear por un mall, es preciso recordar que existen diferentes formas de vivir y escoger.

Y así, a modo de conclusión final, podemos comprender y rescatar que…más allá de lo que algunos digan, por ejemplo que «el trabajo dignifica al hombre», lo cual se ampara en una vieja máxima en esencia tradicional, es preciso destacar que un trabajo no te hace el centro de tu vida, sino más bien, debe apuntar al bien común, a estar bien y disfrutar lo ganado por cada labor bien hecha, pero no bajo un sistema que al ser capitalista, sea una excusa para explotar al otro y asimismo deshumanizarlo. Hay que recordar que muchas veces, quienes poseen cargos altos o puestos elevados, muchas veces suelen denigrar la calidad de vida o el rol que efectúan otros laborantes como encargados de la limpieza, conserjes, guardias, jardineros u otros trabajadores de menor rango, que sin lugar a dudas, están para atender las necesidades de estos o de las empresas que lo necesiten. No olvidemos que ellos también son personas. En definitiva, si se cambia la óptica con la que el trabajo se mira, más allá de quien trabaje más o menos horas, se podrán crear dinámicas más efectivas entre pares, compañeros de trabajo o la sociedad misma, lo que garantiza la productividad a largo plazo, tanto en recursos humanos, como en la calidad de vida del mismo ser humano, contribuyendo a su mejora constante y a una justa remuneración por su trabajo realizado, sin dejar atrás, un espacio para recrearse y vivir de forma óptima el tiempo libre, algo sencillamente vital para el ser humano, que además le servirá para rendir de manera efectiva, en su momento de productividad posterior.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.